lunes, 20 de enero de 2020

PLANTACIÓN ESCAROLAS


“De escarola y agua bendita, cada uno toma la que necesita”

La siega (Simon Bening)



Alumnado infantil 4 años



Sobre lo escrito




De la reflexión de la viña

Yo, que antes era la más joven entre las yemas de vid de buenas hojas
y que daba una cosecha de abultados racimos,
ahora así estoy de vieja. Mira cómo el tiempo sojuzga:
incluso el racimo de uva padece las arrugas de la vejez.


Fragmento (Filipo de Tesalónica)










Un día para soñar





Por fin la ilusión y las ganas del alumnado de infantil de cuatro años, calienta el ambiente fresquito de esta mañana en el huerto. Cuando son un poco más de las nueve de la mañana, el sueño de visitar el huerto, pisarlo, recorrerlo... se hace realidad.




Solo entrar al huerto, los niños y niñas se muestran entusiasmados, alegres y agradecidos.






Junto al bancalico donde van a plantar, están expectantes. De pronto, les mostramos las plantitas y se ponen bien gozosos. Les llaman la atención tener entre sus manos unas plantitas tan pequeñas y de un color verde atrayente.



Explicamos la tarea y como si ya la conocieran, la realizan con destreza notable. Cada niño y niña realiza un hoyo y en cada uno dejan una pequeña escarola.




Después, realizan el conveniente riego que le dará la vida a las pequeñas escarolas.




La alegría final nos hace saber que desean volver al bancalico. Y volverán.




La plantación quedó magnífica.




SIEMBRA DE HABAS


“A falta de gallina, bueno es caldo de habas”

Alumnado 4ºB



Cosecha de cababazas (Tacuinum Ssnitatis -Manuscrito sobre salud-, siglo XIV)


Sobre lo escrito




De las habas

Quieren tierra gruesa, sustanciosa, y algo arcillosa, bien labrada y mullida, en sitios abrigados y un tanto húmedos, pero no ocasionados á nieblas.

Siémbranse por octubre, y en climas mui frío» por marzo. La simiente, despues dé tenida uno 6 dos días en remojo , póngase por golpes de á dos ó tres granos en liño, escojiendo día de humedad ó lluvia. Los liños disten entre sí , cuanto quepa el labrador para trabajar y escardar; los golpes en cada liño, á un pié uno de otro. Luego se cubre y allana el terreno con la rastra.

La cosecha de habas alterna con las de cereales ú otras, sin empobrecimiento del campo: si, sembradas espesas, se entierran en verde para abonarlo, grandemente lo enriquecen.

El haba, verde ó seca, sirve para alimentar al hombre: en grano y paja se destina principalmente para el pienso y cebo de toda clase de ganada.

Manual de agricultura (Alejandro Oliván)







Golpes de habas, “á un pié uno de otro”






Llegada la época de otoño, en nuestro municipio, desde siempre, así lo recordamos, no había bancal en la huerta que no tuviese un roal  (trozo de tierra en murciano huertano) de tierra con habas. Las habas se convirtieron en un alimento bastante aprovechado en las casas para el sustento de las familias. Se aprovechaban tiernas y recién cogidas y también, se conservaban secas para el resto del año.


Primeramente se consumían las habas bien tiernas y acompañadas con un buen trozo de tocino, jamón o salazones de pescado, como: bonito, sardinas de bota y bacalao. Después, una vez recogidas las habas bien maduras y bien secas, se consumían cocidas acompañadas de hueso de jamón, cabeza de ajos, trozos de chorizo y tocino, laurel y guindillas picantes. Todo ello conformaban un plato que servido bien caliente, proporcionaba a las familias huertanas, el calor suficiente para ahuyentar los fríos días de los crudos inviernos (inviernos bien fríos y desagradables). A este plato tan característico de nuestra tierra se le llama Michirones.


Como no podía ser de otra manera, en nuestro huerto llegó la hora de la siembra de habas. Para dicha tarea se apuntó el alumnado de 4ºB. Por cierto, estuvieron bien interesados, con ganas e ilusión. La siembra de habas es bien sencilla y los alumnos y alumnas cumplieron con nota dicha tarea.


Para la ocasión, contamos con unas semillas de habas que un lugareño nos regaló, el tío Mariano. El tío Mariano, como es costumbre, todos los años siembra sus habas y siempre deja que maduren unas vainas para extraer las habas secas que serán las semillas para el próximo año. Según nos dice el tío Mariano, son unas semillas de habas de buenísima calidad. Largas y gruesas. Algunas pueden alcanzar hasta ocho semillas en una vaina. Ya le contaremos como nos fue en nuestro bancalico.


Explicamos la sencilla tarea a los niños y niñas y después de organizarnos. Sembraron una fila de habas con diez golpes. 


Excavaron un pequeño hoyo, pusieron tres semillas de habas, cubrieron de tierra y finalmente, les regalaron el agua, que obviamente, nunca puede faltar a cualquier siembra o plantación.


Después de todo ello, ahora sólo queda esperar a ver cómo nacen las plantas de habas y cómo se van desarrollando. El alumnado queda avisado para ir observando y proporcionarle los cuidados que requiere el cultivo.




miércoles, 15 de enero de 2020

SIEMBRA DE GUISANTES


“Guisantes, la impaciencia de comerlos, el placer de haberlos comido y la alegría de volver a comerlos” 


Alumnado 4ºB



Tiempo de siembre (Simon Bening)




Sobre lo escrito






Qué legumbres perjudican á las tierras, y cuáles les aprovechan.

Pero entre las semillas que he referido, el mismo Saserna cree que hay algunas que estercolan las tierras y les son útiles, y otras al contrario, que las abrasan y desustancian. Que el altramuz, el haba, el yero, la lenteja, la guija y el alverjón la estercolan. Del altramuz ninguna duda tengo, como ni de la veza que se siembra para forraje, con tal que desde que se haya cortado verde se le eche inmediatamente el  arado, y lo que haya dejado la hoz lo destroce el arado y lo entierre antes que se seque, pues esto sirve de estiércol  porqué si las raíces de ella que se han dejado después de haber cortado el forraje se secaren, quitarán al terreno todo el jugo y consumirán su fuerza: lo que también es verosímil que suceda en el haba y demás legumbres con que parece se engrasa la tierra: de suerte, que si no se le da una labor al instante que se han recolectado estas legumbres , de ninguna utilidad serán á las semillas que en seguida deben sembrarse en aquel sitio. De todas, las legumbres que se arrancan, dice Tremelio, que las más perjudiciales al terreno son el garbanzo y el lino, por la ponzoña que dejan en él; el uno porque es de naturaleza salada, y el otro por ser dé
naturaleza ardiente: lo que da también á entender Virgilio cuando dice : «pues la cosecha de lino abrasa el campo, lo abrasa la de avena, lo abrasan las adormideras llenas de un jugo que provoca el más profundo sueño.» Y no hay duda que con estas semillas se infesta el campo.

Fragmento de “Los doce libros de agricultura” (Lucio Junio Moderato Columela)







Soñando con profunda vigilia





Hoy hemos sembrado los guisantes. Los primeros guisantes de la temporada, aunque queremos hacer una nueva siembra en nuestro bancalico. Los guisantes son muy admirados y apetecibles por los niños y niñas.

Hoy, la tarea corrió a cargo de los alumnos y alumnas de la clase de la señorita Viola, el alumnado de 4º B.   



Todo estaba dispuesto, y lo mejor, la perfecta predisposición y ganas del alumando. Los niños y niñas, se mostraron bastante motivados y estaban decididos a hacerlo con entusiasmo y entrega.

En primer lugar, explicamos la diferencia entre siembra y plantación y, a mismo tiempo, mostramos las semillas de guisantes. Hicimos algunos comentarios sobre los guisantes y a todos les encantan comerlos crudos. Su dulzor y frescura es bien apetecible por los más pequeños.



Después, sobre el bancalico elegido, explicamos que haremos la siembra en la parte central del bancal y que iremos haciendo la siembra a cada uno de los lados de la tubería de riego por goteo.
Igualmente, comentamos que tan solamente hay que hacer un pequeño hoyo y depositar tres semillas. Con las tres semillas os garantizamos que tendremos plantas de guisantes. 


A continuación, organizamos la tarea en grupo: algunos llevaban las semillas, otros hacían los hoyos, otros tapaban las semillas y , por último, los demás, regaban la tierra.



El trabajo se fue haciendo despacio y con cautela. El propósito es que los alumnos y alumnas estén bien atentos y aprendan bien el sistema de siembra.
Al inicio de la primavera, los comeremos con impaciencia.



domingo, 12 de enero de 2020

AGRICULTURA EDAD ANTIGUA


Para saber más

La agricultura de la Península Ibérica en la Edad Antigua






LA AGRICULTURA EN LA EDAD ANTIGUA SOBRE LA PENÍNSULA IBÉRICA


“Las orillas del Betis son las más pobladas ... Las tierras están cultivadas con gran esmero ... la región presenta arboledas y plantaciones de todas clases admirablemente cuidadas ... La Turdetania es maravillosamente fértil; tiene toda clase de frutos y muy abundantes; la exportación duplica estos bienes, porque los frutos sobrantes se venden con facilidad a los numerosos barcos de comercio”
Fragmento de Geografía (Estrabón)


La Edad Antigua  conocida como el periodo de la historia que se inicia con la aparición de la escritura y llega hasta la caída del Imperio Romano en el siglo V d. C, fue una etapa en la que la Península Ibérica, por su situación geográfica en el suroeste de Europa, abierta al océano Atlántico y al mar mediterráneo y su proximidad al norte de África, tan solo separada por el Estrecho de Gibraltar, fue recibiendo a lo largo de siglos infinidad de influencias que la convirtieron en todo un crisol de culturas con diversidad de tendencias, lenguas, valores, religiones y modos y estilos de vida.



En la Península Ibérica hace unos 3.000 años  a. C. habitaban, fundamentalmente, dos grupos humanos: los iberos, asentados en el sur y el este, y los celtas, que ocupaban el centro, el norte y el oeste y que se dedicaban mayormente  a la agricultura y la ganadería, aunque también practicaron el comercio. El mar Mediterráneo y la navegación por sus aguas se convirtió en especial protagonista y para la Península Ibérica se fue transformando progresivamente en la principal vía de entrada de estímulos y tendencias  culturales.

A partir del siglo IX a. C., desde diversos rincones del mar Mediterráneo llegaron a la Península Ibérica distintos  pueblos colonizadores de la Antigüedad, y que por este orden fueron fenicios, griegos, cartagineses y, finalmente, romanos, cuyo propósito era económico. Buscaban metales (cobre, plata, estaño, oro) y otros productos (salazones, pesquerías...). Todos ellos se establecieron en las costas de la Península Ibérica y fundaron multitud de  colonias que llegaron a ser importantes focos comerciales y cuyas actividades económicas estuvieron ligadas a la agricultura. El mar Mediterráneo en la Edad Antigua es considerado como cuna de la civilización. Por este mar ya había llegado la domesticación de plantas y animales que se inicio en el Neolítico y que los pueblos antiguos, que habitaron sus cosas, difundieron por la Península Ibérica.

Ánfora aceite (Murcia)

El estudio de la agricultura en la Edad Antigua resulta atrayente pero, también, dificultoso, ya que está condicionado porque la cantidad y calidad de los restos arqueológicos no han sido los más idóneos. No obstante, el estudio de dicha agricultura,  está basada principalmente  en datos directos obtenidos por la arqueología: semillas, frutos, excavaciones en asentamientos rurales, tumbas en necrópolis, restos cerámicos (ánforas, vasos, cazuelas, platos, cuencos…), morteros, moletas de piedra...

La presencia de fenicios, griegos, cartagineses  y romanos en la Península Ibérica llevó aparejada consigo la existencia de una actividad agrícola desde el mismo momento en que se establecieron en los distintos espacios que fueron ocupando. Obviamente, desde el punto de vista de la subsistencia, su primera necesidad fue la de alimentarse. Por tanto, las necesidades y posibilidades de alimentarse, ideó  la búsqueda de conseguir una explotación de los recursos agrícolas sobre los territorios donde se asentaron. Posteriormente, con el paso del tiempo, aquellos pueblos antiguos fueron desarrollando una importación de productos procedentes de otros lugares.

La actividad agrícola de aquellos antiguos pueblos colonizadores adquirió diversas formas de participación en la estructura económica. En opinión de los historiadores y estudiosos del tema, creen que hay que diferenciar modalidades distintas en cuanto a la función de la agricultura y que responderían a estímulos distintos. Igualmente, la actividad agrícola provocaría consecuencias distintas en los modos y formas de contacto con las personas nativas.


Bodega fenicia (Cádiz)

En primer lugar,  se habla de que habría una agricultura de autoabastecimiento para la alimentación de los habitantes que pertenecían a un asentamiento en particular, y en segundo lugar, existiría una agricultura destinada a la comercialización.

En un primer momento o fase de los asentamientos de estos pueblos antiguos fueron estableciéndose en un reducido territorio. Estos asentamientos son considerados como asentamientos rurales de pequeño tamaño.

Todo parece indicar, según los expertos investigadores, que los asentamientos rurales y el inmediatamente circundante, eran espacios no muy grandes que estarían parcelados en pequeñas propiedades de tierras fértiles destinadas a su cultivo. Esta forma sería resultado, probablemente, de una ocupación física de los propios colonos o de un reparto sistemático entre los mismos en el momento de la fundación del asentamiento. En algunos pueblos antiguos como los griegos, el reparto, parece ser que implicaba un acto administrativo.  


Vasija cartaginesa
Por otra parte, en muchas colonias griegas la apropiación de la tierra fue un elemento clave de lo que ciertos autores y estudiosos del tema llaman la comuna rural. Las comunas rurales aparecen como unidades de cierto número de propietarios de tierras que se reconocen y que estaban formadas por un conjunto de agricultores de acuerdo a un modo de organización del espacio del que formaban parte. Estas propiedades agrarias constituían el patrimonio de familias que generación tras generación se perpetuaban en el seno de las comunidades aldeanas, a través de la herencia y tradiciones muy antiguas.

En cuanto a los asentamientos urbanos, se sabe, igualmente, que  no eran  excesivamente grandes, que estaban ubicados en espacios de tierra fértiles y que dichos espacios de tierra debieron estar repartidos entre las personas que formaban parte de dichos asentamientos. De este modo cada persona tendría una propiedad que incluyera una casa y un pequeño huerto para su alimentación.

En una primera fase, la producción agrícola de aquellos pueblos antiguos tendría un carácter puramente de autoconsumo. Con el paso del tiempo, en los asentamientos  o territorios colonizados en la Península Ibérica y de manera paulatina, se fue destinando mayor cantidad de tierras al cultivo y, al mismo tiempo, con toda seguridad se irían cultivando toda una selección de especies para ir llegando a una especialización agrícola. La vid y el olivo, fueron, esencialmente, las especies que formaron parte de dicha especialización agrícola y que, poco a poco, fue generando un excedente de productos. Aquel excedente producido por los diferentes propietarios en sus tierras, sería intercambiado en un mercado de tipo diario o semanal, en la propia localidad y directamente entre los campesinos. De esta manera y con el paso del tiempo, los asentamientos  rurales circundantes se fueron integrando dentro de una estructura económica del entorno urbano.

Aquellas civilizaciones colonizadoras de la Península Ibérica, fueron estableciendo sus territorios urbanos en las cuencas fluviales y sus desembocaduras establecieron centros coloniales que estarían parceladas en unidades relativamente amplias y que aprovecharían para producir distintas variedades agrícolas que, con posterioridad, acabarían utilizando para comerciar. La propiedad de estas tierras sería particular, aunque sometidas probablemente a un sistema de impuestos del que sería beneficiaria alguna institución de poder o religiosa. Esencialmente, la explotación de estos huertos o parcelas sería de carácter familiar, aunque en las épocas de mayor actividad y necesidad se emplearía mano de obra ajena a las unidades familiares.


Monedas griegas acuñadas en Ampurias

En las colonias cartaginesas, la agricultura tuvo una gran importancia y los colonos de aquellas tierras fueron pequeños propietarios de terrenos agrícolas. Hoy día se sabe que los agricultores cartagineses se prodigaron en el cuidado y mantenimiento de sus tierras y que en sus explotaciones agrícolas destacaban la horticultura y la arboricultura. Las tierras eran trabajadas por esclavos y por hombres libres.  De la enciclopedia sobre agricultura que Magón, militar y escritor cartaginés, sabemos de los consejos técnicos prácticos sobre los tipos de suelos, el cultivo de cereales, olivos, vides y frutales, así como consejos sobre las técnicas de irrigación, injertos, podas, cuidado de huertos y la elaboración de vinos y aceite junto a la conservación y almacenaje de los frutos sobre la agricultura  cartaginesa.
Para los romanos, el cultivo de la tierra fue considerado de vital importancia y los agricultores imprescindibles en la comunidad política. El trabajo de la tierra tuvo una gran valoración tanto social como jurídica. De hecho había leyes que establecían penas gravísimas para aquel que destruyera los cultivos de un campo.

Los fuertes cambios que la cultura romana fue experimentando, trajo consigo otros importantes cambios que influyeron en la agricultura de la Península Ibérica. En este sentido, los agricultores cobraron especial importancia porque se esforzaron en idear nuevas técnicas o inventos que permitieron producir más de forma más rápida y barata. Igualmente, a la Península llegaron inventos nuevos de culturas lejanas. De todo ello, se produjo una explosión de recursos y herramientas que facilitaron el trabajo. Destacaron la segadora, animales de tiro, los nuevos sistemas de regadío, el barbecho, la parcelación regular y geométrica de las tierras, tipos de molino, etc. Si bien, hay que admitir que el mayor y más importante de los inventos  para la agricultura mundial a lo largo de los siglos y hasta nuestros tiempos fue invención del “arado romano”.

En general, se sabe que junto a una agricultura de regadío para el cultivo de hortalizas y árboles frutales, se dio una agricultura extensiva de secano destinada al cultivo de los cereales: cebada, avena y trigo.

En definitiva, fenicios, griegos, cartagineses y romanos, colonizadores de la Península Ibérica, tuvieron un papel muy importante en la alimentación. Su aportación fue  fundamental ya que difundieron todo un patrimonio alimentario que, a su vez, tenía sus orígenes en el extenso mundo cultural del Próximo Oriente.

Ánfora romana
En cuanto a los rasgos fundamentales que podemos destacar de la alimentación es el gran consumo de cereales: trigo, cebada, avena…Estos cereales se empleaban en preparados de panes, gachas y tortas de distintos sabores y formas.

Diversos textos históricos mencionan vergeles y huertos muy bien cuidados por estos pueblos colonizadores y todo parece indicar que cultivaron legumbres y frutos para su propio consumo. El consumo de legumbres incluía guisantes, lentejas, garbanzos y habas. En cuanto a las frutas se sabe que consumieron: manzanas, granadas, membrillos, ciruelas, almendras, pistachos, dátiles e higos. De igual manera, fueron hábiles recolectores de hierbas, raíces, tubérculos  y semillas que utilizaron para su alimentación.

Igualmente, los historiadores coinciden en señalar que hubo una gran producción agrícola en la Península Ibérica  de la vid y el olivo y cuyos productos, el vino y el aceite se consumieron ampliamente, junto al trigo. Estos tres productos, trigo, aceite y vino,  formaron una parte muy importante de las mercancías que se comercializaron y, además, se destinaron a la exportación.


Fuentes:


 “Cultivos y producción agrícola en la época Ibérica”. Natalia Alonso Martínez.

“El poblamiento rural fenicio en el sur de la Península Ibérica entre los siglos VI a III a.C.”  José Luis López Castro.

“Economía de la colonización fenicia y griega en la Península Ibérica”. Francisco Javier Fernández Nieto.

“La sociedad  campesina: del territorio rural al espacio cívico. Tierra y política en la Grecia antigua”. Julián Gallego.

“Fuentes literarias para la agricultura cartaginesa. El tratado de Magón”. Rodolfo Domínguez Petit






lunes, 6 de enero de 2020

PLANTACIÓN DE APIO


“Depurativo y digestivo, el apio”

Alumnado infantil 3 años


Cultivo de plantas aromáticas (Pintura medieval)



Sobre lo escrito





Del apio

Del apio es una yerba medicinal, que en algo parece en las hojas a una yerba que nace en el agua que llaman friera. En qualquier tierra se hace bueno , ò caliente, ò fria , con tal que tenga harto humor, y por eso se debe sembrar al rededor de las albercas. y cauces de agua, cerca de arroyos y fuentes , y lugares humedos , y en aguas que crian cieno , y en aguas salobres;
Tarda mucho en nacer , que por temprano tarda quarenta dias , y mas presto nacen de simiente vieja , que de nueva ; puedenlo sembrar por Febrero, y dende en adelante, y por Marzo , y Abril, y Mayo, y por el Estio , mas el que entonces lo sembrare debelo ayudar con agua.


Capítulo IX, Libro IV“Obra Agricultura” (Alonso de Herrera) 
 




Regalando aroma y belleza




Los más pequeños del cole y el apio. Los niños y niñas encantados y el apio regalando su aroma y su propia belleza.





La tierra estaba bien mullida, con tan solo las manos, los más pequeños fueron haciendo sus pequeños hoyos y dejaron plantadas las distintas plantas de apio.
                                 





Después de tener entre sus pequeñas manos las pequeñas plantas, les hicimos saber que sobre cada gotero rojo de la tubería de riego, había que hacer la pequeña casita para el apio. Lo entendieron perfectamente y quedamos asombrados de lo bien que lo hicieron. Luego, abrigaron las plantas con la necesaria tierra y, finalmente, regaron toda la plantación para asegurar su perfecto arraigo a la tierra de nuestro huerto.




Maravilloso y entretenido momento en nuestro huerto. Solo queda dejar el tiempo que pase para poder cosechar nuestro apio.






Os dejamos algunas fotitos para que veáis lo bien que lo hemos pasado.