“Con tomate y huevo, el
almuerzo está hecho”
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Cosecha de cababazas (Tacuinum Ssnitatis -Manuscrito sobre salud-, siglo XIV) |
Alumnado infantil 5 años
Sobre lo escrito
Sobre
la descripción de un paisaje
El paisaje es
hermosísimo. Imagínate un anfiteatro inmenso, como sólo la naturaleza puede
crear. Una extensa y abierta llanura rodeada por montañas, montañas que tienen
sus cimas cubiertas por antiguos bosques de altos árboles. Allí la caza resulta
abundante y variada.
Desde las
cumbres bajan por sus laderas bosquecillos de árboles maderables, en medio de
los cuales hay colinas fértiles y cubiertas de una abundante capa de humus
(pues no es fácil encontrar roca alguna aunque la busques) que no ceden en
riqueza a los campos más llanos, y donde madura una excelente cosecha de
cereales, más tardía es cierto, pero no de inferior calidad. Al pie de estos
sembrados, por todos lados, se extienden unos viñedos, que, al entrelazarse
entre sí, presentan en una ancha y larga superficie una panorámica uniforme, en
cuyo límite nacen unos arbustos, que forman, por así decirlo, el reborde
inferior de la colina. A continuación vienen prados y tierras de labor, tierras
que no pueden ser roturadas a no ser con enormes bueyes y pesadísimos arados:
el suelo es tan compacto que cuando se le abre por primera vez se levanta en
grandes terrones, de modo que sólo a la novena arada se lo domeña.
Los prados,
floridos y brillantes como tachonados de gemas, crían tréboles y otras
delicadas hierbas siempre tiernas como si fuesen nuevos brotes. En efecto,
todos estos prados se alimentan de caudales inagotables, pero en las zonas
donde más agua fluye no se forma ninguna zona pantanosa, pues la tierra, al
estar en pendiente, vierte en el Tíber toda el agua que recibe y no puede
absorber. El río, navegable, corre a través de los campos y transporta hasta la
ciudad todos los productos de la tierra, pero sólo en invierno y primavera; en
verano baja el nivel y abandona el nombre de gran río en su lecho arenoso, que
recupera en otoño. Sentirías un gran placer si pudieses contemplar el paisaje
desde un altozano, pues te parecería que estás contemplando no un paisaje real,
sino una pintura de excepcional belleza: esa variedad, esa armonía existente en
cualquier sitio adonde dirijas la mirada, reanima el espíritu.
Carta de Plinio el Jovén al senador romano Domicio Apolinar (Traducción J. González)
Reanimando el espíritu
Cuando les mostramos las plantas, todos los niños y niñas quieren tomar una y tenerla en sus manos. Así lo hicimos, y además, estuvieron viendo y tocando las raíces. Les impresiona ver las raíces entre la tierra negra que forma el cepellón.
Además, les gusta tocarlas con los dedos y sentirlas entre sus manos. Pronto descubren el increíble aroma que desprenden las plantas y se muestran contentos.
Después, recordamos en grupo el modo de hacer la plantación, pues son asiduos en el huerto. Poseen buena destreza y las plantas quedaron bien agarraditas a la tierra después de haber regado convenientemente la tierra. Todo salió maravillosamente bien.
Después de la plantación, hicimos un recorrido por el huerto y estuvieron viendo los distintos cultivos. Nos detuvimos en el cultivo de habas. Están llenas de flores. Pronto podremos degustar de sus excelencias.
Quedamos emplazados para otra visita al huerto y poder probar las tiernas habas recién cosechadas.
Cogimos las últimas naranjas y mandarinas que aún quedaban en los árboles. Todos quedaron bien conformes y se despidieron.
¡Hasta la próxima, pequeñines! Os esperamos.
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